Cerro Partido / Pedralba, Els Serrans

EL PAISATGE:
14275037-pedralba

Amb la Serratilla i la Lloma del Ferrer, el Cerro Partido és una de les principals elevacions del terme municipal de Pedralba, zona de transició entre la comarca dels Serrans i el Camp de Túria.  És una muntanya de forma cònica en la qual es trobava un antic poblat iber que per l’altura permetia la comunicació visual amb la capital del territori d’Edeta, al qual pertanyia. Al seu cim es conserven vestigis d’antigues construccions de pedra en sec d’aquest poblat. Una gran part d’aquestes pedres van ser aprofitades segles més tard en la construcció de molts bancals de la zona. A la part oest de la muntanya es troba una antiga pedrera de caolí on es fàcil trobar petits fòssils d’invertebrats marins cretàcics. L’espart, el romaní i la farigola són les especies vegetals més abundant.

COM ARRIBAR?
EL LLIBRE

La memoria de tu nombre (Lletra Impresa, 2017) és la primera incursió d’Amadeo Laborda en el camp de la narrativa. Amb un llenguatge clar i senzill, l’autor penetra en la memòria del poble de Pedralba fins a convertir-lo en el seu referent constant. A partir de la pròpia memòria, dels seus records, Laborda construeix un emotiu  text per a lluitar contra l’oblit. Repassa paratges, objectes  i emocions mentre teixeix una reflexió sobre el  despoblament rural i  el pas del temps. La memòria de tu nombre dona veu als pobles de les comarques valencianes castellanoparlants que lluiten contra l’abandonament.

 

El primer sábado de junio fuimos a cortar esparto con el tío Patricio a Cerro Partido. También cogimos fósiles en un terraplén de la cantera de caolín. Mientras recorríamos el camino me contó mil y un detalles de todos los bichos que nos salían al encuentro. Esos caracoles que parecen cuernos retorcidos son muy venenosos, me dijo. Te atraviesan el estómago como si fuesen balines de plomo. Un crío de tu edad se tragó uno y esa misma noche se murió entre retortijones. Cuando llegamos me enseñó una cueva en la que se escondían para dormir las zorras y las huellas blandas de los jabalís en un bancal de almendros recién labrado. Mi abuelo sacó de la bolsa unas rebanadas de pan con algunas lonchas de jamón y nos sentamos a comer al pie de una higuera. Tenía el tronco rechoncho, cargado de bultos descolgados y oscuros, como si fuese la piel de un elefante viejo. Mientras masticábamos el pan, el tío Patricio me enseñaba a montar una trampa para atrapar saltamontes. Luego ellos se durmieron y roncaron todo lo que quisieron y un poco más. A mí no me dejaban abrazar el sueño las chicharras y me quedé contemplando cómo las hormigas se llevaban a rastras las migas de pan. También tuve tiempo de distraerme con las arañas que escalaban por la corteza abrupta del árbol. Eran frágiles, con unas patas muy largas y delgadas. Si las tocabas con un palito se partían con facilidad, pero salían huyendo con las restantes, sin preocuparles demasiado su cojera.

Antes de irnos les dejamos unos cortes de tocino a las zorras. Los colocamos sobre un trozo de cartón para que no se enrunasen con la tierra suelta. A la vuelta pasamos junto a un poste que sostenía cables eléctricos y una placa de metal oxidado con una calavera pintada. Me dijeron que no me acercara. Luego descubrimos una culebra muerta con la cabeza aplastada y nos cruzamos con un perro perdido que mordía una bolsa de plástico vacía. Se había nublado. Apenas sin darnos cuenta se oscureció todo como si llegara la noche antes de tiempo. En el horizonte se atisbaban las primeras casas del pueblo y sobre ellas unas nubes tan negras como las ruedas de los coches que nos pasaban cerca por el cruce de las cuatro carreteras. Mi abuelo tiraba de mi mano para que caminara más ligero. Vale, que es para hoy. Cuando la tormenta viene por la fuente de La Salá no trae nada bueno, decía siempre. El viento olía a río y las moscas se pegaban a la piel. Barruntan agua. A veces se detenía una sobre la comisura de los labios para lengüetear las pieles descamadas y no había forma de quitársela de encima. Los truenos sonaban como si alguna de aquellas montañas se hubiera resquebrajado de arriba abajo, como una grieta enorme y profunda que se va abriendo durante unos largos segundos. Cada vez más cerca, los tejados resultaban blancos con el sol desvaído que se colaba por debajo de aquella negrura infinita. Al instante otro trueno desgarraba el monte y el sonido rulaba por las lomas y se acababa estampando sobre el adobe gastado de las tapias que había por las afueras.

 (La memoria de tu nombre,  Lletra Impresa, 2017)

L'AUTOR

Amadeo Laborda (València, 1969) va viure la seua infantesa a mig camí entre la ciutat de València i el poble de Pedralba amb el qual manté una constant vital fins a convertir-lo en el seu univers literari. Va cursar estudis de Filosofia i Lletres, per a dedicar-se posteriorment a la restauració i recuperació d’edificis antics. En els últims anys ha compaginat les seues tasques professionals amb la investigació arqueològica i les llengües prehispàniques, especialment les inscripcions iberes sobre suport de plom. És autor de dues novel·les,  La memòria de tu nombre  i Zambuch.

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